Sí, sin duda era lo más hermoso que jamás había visto. Era un chico alto, delgado y tras su camiseta apretada se adivinaban unos pectorales trabajados, pero no demasiado. Su pelo era rubio, corto con el flequillo más largo y liso peinado para un lado. Tenía los ojos de color verde oscuro y la piel bastante clara. Su rostro era... era... bueno era perfecto. En conjunto era un chico guapísimo, y yo no era la única que lo pensaba porque Miiry se había quedado callada cuando lo vio y al resto de las chicas si no se les pusieron los ojos como platos, se les abrió la boca. Tan absorta como estaba me olvidé de que me había girado para buscar a mi grupito. Manu me apreto el brazo:
-Cris, ¿estás bien? Osea, vaya cara tienes.
-¿Eh? Hola, sí, sí ¿por qué iba a estar mal? ¿Qué cara tengo? - dije atropelladamente.
-Pues tienes la misma cara que todas las chicas de clase... El David este... os deja tontas a todas, no lo entiendo - dijo con cara de pocos amigos.
-¿David? ¿Ese chico se llama David? ¿Lo conoces? Yo jamás lo había visto - Manu debía de pensar que lo estaba interrogando.
-En realidad es nuevo en el instituto, pero entrenamos juntos en fútbol - mientras Manu me hablaba yo le eché un vistazo a David. Realmente guapo. Puede que estuviera loca, pero me pareció que el me había mirado, por un segundo. - ¿Cris? ¿Estás en otro planeta otra vez?
-No, te estaba atendiendo. Yo puedo hacer dos cosas a la vez ¡soy una chica!
-Y yo soy un chico al que le jode que una de sus mejores amigas pase de él- Manu se giró para irse pero se quedó envarado de repente.
Una chica rubia, esbelta, de ojazos azules había entrado por la puerta.
-¿Manu? ¿Estás bien? Osea, vaya cara tienes - repetí lo que el me había dicho minutos antes, con tono de burla.
Manu siguió petrificado durante unos segundos más (al igual que los otros chicos de clase, incluído Christian). Me sorprendió que David no reaccionara igual. Se puso a hablar con ella. Manu reaccionó:
-Em, Cris, cariño, vete un poquito a la mierda -dijo volviéndose hacia mi y con una ceja levantada. Era gracioso ver como se intentaba poner serio. Le noté que estaba intentando no mostrarme una sonrisa.
Los dos nos empezamos a reír a carcajadas y todo el mundo se nos quedó mirando, ya que era el único sonido que se oía desde la entrada de David y, más tarde de la de esa chica rubia. Tras darnos cuenta que éramos el centro de atención, Manu y yo nos callamos.
-Bueno, bueno, bueno - dijo una voz femenina que venía de la puerta- Pero qué callados están mis alumnos de este año- giré mi cabeza para verla. Era morena, delgada y llevaba el pelo recogido en un moño alto.
-En serio, qué callados estáis. ¿Ha pasado un ángel?
Seguro que sí. Dos.
-Yo soy la señorita Diéguez, Concha para vosotros porque lo de señorita está pasado de moda. Soy vuestra tutora y os voy a dar clase de inglés. Soy muy buena y agradable, pero si me buscáis las cosquillas lo pasaréis realmente mal. -se dirigió al asiento del profesor- os vais a ir sentando por orden de lista. Tú- dijo señalando a Miiry- aquí. Tú a su lado, tú aquí. Ey, tú al lado de este chico. Tú aquí, tú aquí... ¡Ay! ¡Qué curioso! Vosotros dos tenéis los mismos apellidos ¿sois hermanos?- se dirigió a la chica rubia y a David, que estaban sentados juntos.
-Sí, somos mellizos - dijo la rubia. Ahora se dirigió a toda la clase- Yo me llamo Lara y él es mi hermano David, para los que no nos conocéis. Somos nuevos en el instituto, esperamos hacer buenos amigos.- y sonrió de una forma encantadora.
Los chicos se quedaron flipados y oí a David soltar una pequeña carcajada por lo bajo. ¿Se quedaban tan flipados con su físico siempre, en todas partes? Sí, seguro que sí.
-Ay, Lara, seguro que hacéis muy buenos amigos aquí- dijo Concha- bueno ya nos conocemos todos, eso creo, ¿no? ¿NO? Bueno eso es cosa vuestra, los amiguitos se hacen en los recreos y ahora estamos en clase. Por si no os habíais dado cuenta hoy es el día de la presentación. Nos presentamos y ya lo hemos hecho. Yo soy Concha. Ya hemos acabado, podéis iros a casa.- dijo Concha. Era una mujer extraña, presentía que iba a ser enrollada con los alumnos. Antes de que acabara de pensar mis reflexiones sobre nuestra tutora, ella ya estaba en la puerta. Salió y cerró la puerta. Se dio cuenta de que había más gente dentro que quería salir y la abrió y se fue. Lo que decía yo: muy rara. Pero no tan rara como me sentía yo ahora mismo, con la mirada de el chico más guapo del mundo clavada en mí.
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